Prehistoria en el estado de Hidalgo

El registro arqueológico más antiguo que tenemos en el estado de Hidalgo es una hacha, fechada con once mil años de antigüedad y que fue hallada en Huapalcalco, Tulancingo. En ese momento, el hombre era nómada, es decir, viajaba constantemente y habitaba en cuevas.

Durante el periodo llamado Cenolítico inferior (14,000 – 9,000 años antes del presente) se dio un radical cambio climático que obligó al hombre a modificar su forma de vida, dependiendo mas de la cacería que de la recolección. Ese momento se ha caracterizado como de los ‘Cazadores de mamuts’ y quizá la cacería desmedida de estos animales provocó su extinción. Los grupos humanos unidos en familias, vivían en campamentos provisionales en constante búsqueda de alimentos.

Restos de megafauna se han localizado en varios puntos de la entidad, como en San Agustín Tlaxiaca, El Arenal, en el fondo de las barrancas de Vaquerías en Atotonilco el Grande, Zempoala, Santiago de Anaya, Ventoquipa en Santiago Tulantepec, Atotonilco de Tula y Chapantongo.

Además, existen registros de fauna prehistórica en Zacualtipan, Actopan, San Salvador, Tula, Tepeji del Río Epazoyucan y Metzquititlán. Los tipos de animales que se han identificado son: peces, anfibios, tortugas, lagartijas, cocodrilos, aves, musarañas, murcielagos, osos, elefantes, caballos, rinocerontes, jabalíes, bisontes, berrendos, perezosos, gliptodontes, tuzos, ratones y conejos.

En el Cenolítico superior (9,000 a 7,000 años del presente) se llegó a extinguir la fauna plehistocénica y resurgió de nuevo la recolección, aunque continuó la caza de animales de tamaño mediano y pequeño. Es posible que de ese momento sean las pinturas rupestres de Tepeapulco y Tulancingo. En ese entonces, se inició una selección de plantas silvestres, que llegaría a constituir una forma rudimentaria de domesticación y aparecieron implementos de molienda como los metates y morteros. Con esto, se creó una forma de subsistencia mixta, aprovechando tanto la caza como la recolección.

Fue durante el Protoneolítico (7,000 a 4,500 años del presente) cuando comenzó una incipiente agricultura, aunque la dieta básica estuvo basada en la caza, pesca y recolección. La dependencia cada vez mayor de los cultivos permitió que el hombre entrara en un proceso de sedentarización, dando lugar al desarrollo de las primeras aldeas.

Arte rupestre en el estado de Hidalgo

Tanto pinturas rupestres como petrograbados o petroglifos (ambas formas de expresión que conforman el llamado arte rupestre), se encuentran extensamente en el ahora territorio hidalguense. Generalmente asociamos estas manifestaciones a grupos que habitaron el norte del país, sin embargo, en el centro también está presente, caracterizadas por una gran cantidad y diversidad de motivos.

En el estado de Hidalgo, las pinturas rupestres se encuentran asociadas generalmente a cuevas o abrigos rocosos, lugares que debieron fungir como sagrados, o bien, como sitios de habitación o refugio. Al igual, es frecuente la relación con alguna fuente de agua, como arroyos, ríos o lagunas. Esto nos permite suponer que los grupos que realizaron las pinturas buscaban un lugar con abundantes recursos. Es frecuente también que las pinturas se localicen en peñas y formas rocosas.

Los municipios que presentan gran cantidad de pinturas rupestres son: Huichapan, Tecozautla, Alfajayucan, Metztitllán y Tepeapulco, aunque también se presentan en Ajacuba, Actopan, Agua Blanca, El Arenal, Atotonilco de Tula, Cardonal, Cuautepec, Chapantongo, Epazoyucan, Huasca, Ixmiquilpan, Juárez Hidalgo, Metepec, Metzquititlán, Progreso, San Salvador, Santiago de Anaya, Santiago Tulantepec, Tepeji del Río, Tepetitlán, Tezontepec de Aldama, Tlahuiltepa, Tulancingo, Zacualtipán y Zimapán. Sólo en la región de la Huasteca hidalguense no se pudo localizar este tipo de expresión, debido quizá a dos causas: 1) los grupos con tradición pictórica no pasaron o conocieron esta zona, o 2) sí se dio el esta manifestación, pero por las condiciones naturales (sobre todo de humedad) se perdieron.

Los petrograbados, por otro lado, se localizan en su mayoría asociados a sitios arqueológicos, por lo que nos da una idea de su elaboración por los grupos que habitaban estos sitios en un determinado momento de tiempo. Sin embargo, también encontramos petrograbados de manera aislada. Municipios como Acatlán, Huazalingo, Metztitlán, Mixquiahuala, Tepeapulco, Tepeji del Río, Tula y Tulancingo presentan esta forma de arte rupestre.

Los motivos rupestres se presentan tanto en conjunto como de manera aislada, y sus dimensiones varían de escasos centímetros a pocos metros.

La elaboración de pinturas rupestres requirió de un gran conocimiento acerca de las materias minerales, vegetales y animales, de su forma de extracción y de su mezcla para la aplicación sobre la piedra. La tecnología, a pesar de ser sencilla, fue eficaz para hacer perdurar los motivos hasta nuestros días.

El sólo hecho de que el arte rupestre constituya antiguas formas de expresión, es motivo suficiente para considerarlo como único y extraordinario. Su conocimiento y el crear conciencia de su importancia, debe ser la pauta para su conservación y para que futuras generaciones valoren este interesante legado.

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