La Fiesta a los Muertos en el Estado de Hidalgo

La idea y representación de la muerte, dicen los enterados, aparece en todas las culturas del mundo. Las nociones que cada sociedad logra de la muerte forman complejos sistemas de pensamiento y acciones, en muchos casos vistosos y alegres. Entre la diversidad de visiones sobresale aquella que las culturas de este país producen respecto al reencuentro con los muertos; nociones que permiten sin duda formas de identidad. En México se ha desarrollado un esquema múltiple de representaciones sobre el fenómeno de la muerte, que en algunos casos se hacen notar a través de las expresiones cotidianas. De esta forma escuchamos decir: “De tragones y panzones están llenos los panteones”; “Te espantas con el petate del muerto”; “Hay muertos que no hacen ruido y es más grande su pesar”; “El muerto al pozo y el vivo al gozo”; “Salió con los pies por delante”; “No me llores que todavía no me muero”; “El que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe”; “La muerte me pela …los dientes”. El sentido y celebración de la muerte en México, es un hecho muy arraigado. De acuerdo a los ciclos festivos nacionales, la celebración a los muertos es uno de los actos sociales más relevantes y significativos del país. Con ello se da por terminado el periplo a través del cual se da significado al fenómeno de la vida y la muerte donde encajan preceptos cristianos y elementos naturalistas locales. La importancia y trascendencia que reviste esta costumbre, le ha valido el reconocimiento de la UNESCO como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Bajo esta condición, las autoridades culturales del país invitan de manera constante al fortalecimiento de las políticas públicas en la materia, con el fin de preservar este tipo de patrimonio.

“Día de Muertos” en Hidalgo En Hidalgo, entidad ubicada en el centro del país, y cercana a la capital de la república (90.0 kilómetros de México a Pachuca), la celebración a los muertos se destaca principalmente en zonas indígenas; no obstante. en !as ciudades locales se realizan actos relativos al tema: exposiciones, pláticas, concursos de altares. proyecciones de películas y documentales. Desde luego los centros educativos aparecen como espacios activos de estas expresiones, buscando fomentar las tradiciones. La celebración hidalguense a los antepasados guarda su propio sello, aún cuando en el país existe un patrón sobreel cual se rige su desarrollo. El esquema base aplica más en entidades del centro sur nacional, es decir, en regiones que formaron en algún tiempo Mesoamérica y habitadas en lo general por comunidades con diversa influencia étnica. En este sentido, el llamado “Dia de Muertos” acusa una condición cultural históricamente definida que se trasluce en prácticas concretas entre asentamientos ligados a los pueblos originarios: zapotecos, chontales, purépechas, mazahuas, otomíes, nahuas. huastecos. tlapanecos, zoques, totonacos, etcétera. Las flores y los arreglos conocidoscomo “altares” están en el centro de la celebración. La comida y una serie de acciones ceremoniales se agregan al acto para dar cuerpo definitivo al festejo; esto último con un significado y ritmo particulares. según sea el grupo étnico y social en cuestión. En el estado de Hidalgo, el “Día de Muertos” o simplemente “Muertos” está presente en varias regiones como el Valle del Mezquital, Huasteca, Sierra Alta, Sierra de Tutotepec y Sierra Baja. En estas zonas habitan hablantes de hñahñu (otomí), nahua, n yuhú (otomí), tepehua. La experiencia cultural nahua de la Huasteca se extiende hacia las elevaciones de la Sierra Madre Orienta , permitiendo una multiplicación de estas expresiones, aún entre los arupos mestizos. Los hablantes de nahua en Hidalgo, resultan el grupo más numeroso, seguidos de los otomíes y fnalmente los tepehuas; estos últimos residentes de la Sierra de Tutotepec, es decir, establecidos en el centro-oriente del territorio estatal. Quedan pueblos otomíes en la Sierra Baja, merced la antigua presencia del Señorío Huasteca o norte del estado.

“Día de Muertos”. La costumbre Entre los otomfes o hñahñu del Mezquitai se acostumbra -ocho días antes de las fechas centra es de celebración- elaborar “altares”, es decir, estructuras a base de mesas, tabas y cajas, cubiertos con manteles y servilletas bordadas. Una vez logrados dichos “basamentos”, se colocan en ellos las “ofrendas”, cuadros de santos o bien imágenes de los antepasados familiares. Las paredes de las casa sirven en su momento como verdaderos “alzares” o “portadas” del “altar”, pues se fijan en ellas otros santos más y adornos con “papel de china”. Cuando no se arman los “basamentos” citados, las familias suelen hacer “tendidos”, sea con petates o algún otro elemento propicio, y en ellos colocan frutos, flores, comida, lo mismo que velas y copal, esto es, la llamada “ofrenda”. La “ofrenda” resulta, según la propia acepción, un “ofrecimiento” a los fallecidos; es un acto de reconocimiento que lleva implícito el respeto y el afecto. Responde, en sí, a un acto figurado donde los muertos ocupan nuevamente un espacio en la familia.La celebración a los “Muertos” en todos los casos regionales donde se produce. “recrea” la vida mundana o terrenal de los seres humanos que se han ido, a través de la “convivencia” y el consumo compartido de alimentos con sus familiares vivos. En esta región del semidesierto, por ejemplo, se realiza “Día de Muertos” en Atitalaquia, Chapantongo, Huichapan, Mixquiahuala, Nopala, San Agustín Tlaxiaca, Santiago de Anaya, Tecozautla, Tepeji de Río, Tezontepec de Aldama. Este tipo de actos culturales familiares ysociales, que se generalizan, requieren periodos previos para su preparación. Así como resuita un requisito para el caso del Mezquital, otro tanto ocurre respecto a la Huasteca, Sierra Alta y demás regiones aquí tratadas. En el Mezquital se tendrá presente la siembra previa de la flor de cempasúchitl, el bordado de los mantelesy las servilletas, la compra de los canastos y los ingredientes para los alimentos que serán colocados en el “altar”. Así, la última semana de octubre se inicia el armado de “altares” y su correspondiente “purificación” mediante la cuerna de copal. Se preparan las condiciones para los días 1 y 2 de noviembre. Aún cuando las distintas agrupaciones sociales que habitan la entidad realizan actos culturales relativos a “Muertos” en circunstancias y ritmos un tanto diferentes, en lo esencial todos ellos giran en torno a las fechas preestablecidas del 1 y 2 denoviembre. El grupo tepehua, que comparte espacio con el grupo n”yuhu (otomí) en las montañas lluviosas del noreste de Tulancingo, comienzan sus celebraciones de “Muertos” o “Todos Santos” el 18 de octubre, aniversario de San Lucas; fecha igualmente importante para los nahuas de la Huasteca, pues en ella se realiza la “segunda ofrenda” a las “ánimas”. Esta “ofrenda” se compone de tamales y café. Los tepehua por su cuenta ofrecen, en este día, comida a los fallecidos de manera violenta, pues resultan “espiritus”proclives a causar enfermedades; de ahí la necesidad de colocar sus “altares” en sitios alejados del resto de la parentela en conmemoración. De la misma manera que en el Mezquital, la preparación de “altares” tepehuas se lleva a cabo días antes de las fechas representativas, con el fin, en esta ocasión, de “recibir” a las “ánimas” de los niños,cuya presencia se registra en los hogares a partir del 31 de octubre. Por consiguiente se considera necesario el arreglo de !os panteones y el acopio de flores para los “altares”, que se adornan, en sí, con “arcos”, armazones compuestos por ramajes, flores de cempasúchitl, naranjas, plátanos y piezas de pan: el “altar” completo queda integrado con e! “arco”, comida, bebidas y velas. Resulta costumbre extender pétalos de cempasúchitl a manera de sendero con el propósito de orientar a las “ánimas” en su regreso a casa. A medio día del 1 de noviembre, se dice, hacen acto de presencia las “ánimas” de los adultos, que se instalan entre su antigua familia hasta media mañana del día siguiente. En esta ocasión reciben alimentos picantes y bebidas embriagantes. Además, en este mismo día se realizan visitas a los cementerios, depositando velas en las tumbas. Por igual se presenta el uso de la pirotécnia y se convive compartiendo aguardiente y refrescos entre los asistentes. La celebración da fin cuando, después de quince días, se retiran los “arcos”, rescatando las semillas de lasflores usadas a fin de ser sembradas y tener este recurso seguro. La celebración tepehua de “Muertos” o “Todos Santos” se conoce localmente como Santoro, una expresión lingüística dirigida a señalar sanctorum. Modificación igualmente ocurrida en el caso de los nahuas de la Huasteca, cuya expresión del caso es Xantolo. La particular expresión huasteca, tiene alcance entre comunidades de la Sierra, y tiende, hasta el momento, a ser plenamente identificada como la celebración más significativa de la entidad, esto, merced los medios de comunicación. Entre las comunidades n ‘yuhu (otomí) de Tutotepec, la celebración de ”Todos Santos” es, desde luego, significativa dentro del complejo cultural establecido. En realidad no difiere mucho de la experiencia tepehua, a caso, en lo referente a los “señalamientos” con pétalos de cempasúchitl, que en esta ocasión resultan más extensos y precisos pues apuntar hacia los cementerios, creando con ello un vínculo directo entre antigua y nueva residencia de los familiares fallecidos. Caben también aquí los platillos localesque se colocan en los “altares aunque aparecen alimentos propios como el atole “champurrado” y panes especiales. en esta ocasión el “pan de huevo”. Se guisa de igual manera mole y tamales llamados “trabucos’, típicos a su vez de las comunidades nahuas de Acaxoxitlán. Según las investigaciones antropológicas, los n’yuhu (otomi) de la zona deTutotepec, guardan creencias específicas sobre el fenómeno de la muerte. Se tiene por reconocido que las “almas” de los niños fallecidos, por ejemplo, migran al “cielo”. Para alegrar su “partida” a dicho lugar son obsequiados con música de cuerda, que ejecuta principalmente la tonada de los “angelitos”. Estos grupos entienden que las “almas” de las mujeres muertas en parto y de los ahogados van a residir al “lugar de los truenos”. Por otra parte consideran que los fallecidos por muerte natural cruzarán ríos y después se encaminarán al “cielo”, de la misma manera que los niños. Se reconoce que el “alma” de los fallecidos procura regresar a su correspondiente casacada año y en la fecha de “Todos Santos”. Esta propuesta es un acto generalizado entre el vecindario hidalguense, aunque en la experiencia otomí de la Sierra, el hecho tiene una relación con el particular sentido de la vida lugareña, que se compone de “fuerzas” o “potencias”, y además, personajes ultraterrenos. En sí, todo el acontecer de la existencia n’yuhu (otomí) se encuentra centrado en el zaki o energía de la vida y en la voluntad de los seres que habitan en la naturaleza en forma jerarquizada. En aquellos se cifra la vida y la muerte, pues de esa voluntad manifiesta surgen las enfermedades o accidentes por concepto de transgresión de la norma opor la intervención de terceros, individuos capaces de reorientar las “energías” ultraterrenas con fines perversos, usando para ellos de sus artes y utensilios como los “papeles recortados”. De acuerdo a la interpretación de los nahuas de la Huasteca hidalguense, “Todos Santos” o Xantolo, es, en realidad, una expresión cultural ligada a una antigua costumbre local encaminada a festejar a los muertos y no a los santos. En el pensamiento de las comunidades huastecas, la noción apropiada a tal evento se describe con la palabra mijkailuitl o “Fiesta de Muertos”, práctica recuperada de manera simbólica mediante la flor de cempasúchitl, pues en ella, se dice, se reúnen vida y muerte. Aún cuando el cempasúchitl es la flor representativa de la expresión cultural, siempre va acompañada, por ejemplo, de cierta variedad de flor llamada popularmente “mano de león”, con lo cual se logra un contraste llamativo en los altares. En el concepto de los nahuas -en buena parte de la Sierra Alta se reconoce lo mismo- los familiares muertos van almictlán o “reino de los muertos”, lugar donde llevan una existencia grata; su placentera vida crece ante la oportunidad de visitar periódicamente a sus familiares, gracias al permiso de Mictlantecutli. Como en otros casos citados, los preparativos del mijkailuitl o “Fiesta de Muertos” se verifican meses antes, y su punto de partida será el 24 de junio, fecha en que se siembra la semilla de cempasúchitl. Ocurrirá, en seguida, una serie de actos atal suerte que esta primera “ofrenda” y la siguiente, actúan como “refrigerios”. Así, se realiza una segunda “ofrenda” el 18 de octubre, momento aprovechado además para acopiar la fruta convenida o bien los p.átanos y naranjas, con los cuales se adornan los “altares’. En igual forma, la fecha marca el inicio de la molienda del cacao para la elaboración del chocolate. A finales de octubre (día 29) se cosecha la flor sembrada en junio, y se comienza la construcción de “altares” y la preparación de tamales. Los “altares” son adornados con vistosos “arcos estructuras colocadas al frente de aquellos. De esta manera, los “arcos” se revisten con flores de cempasJchitl, sea mediante ramilletes y cordones, a la vez que con plátanos, naranjas, cañas, limas y piezas de pan. En idea de los nahuas, los “arcos” responden al vínculo entre lo terrenal y lo espiritual, correspondiéndose con la imagen de los trece cielos descritos por mexicas y mayas. A partir del 31 de octubre se “ofrenda” a los “espíritus” de los niños, colocando por tanto en los “altares”, pan y chocolate;través de los cuales se da ritmo al evento por realizar. En el pensamiento nahua, los muertos comienzan su regreso a las casas el 29 de septiembre, requiriéndose por esto. la entrega de la primera “ofrenda”, compuesta por alimentos locales: tamales y café. Esto aduce que los mortales están alerta y en condiciones para la llegada de las “ánimas” a sus antiguas moradas. Se entiende que el “viaje” de las “ánimas” es largo y por tanto cansado, ce la quema de copal no debe faltar pues sus esencias desprendidas servirán a las “ánimas” como vía de acceso hacia sus viejas moradas; cosa igualmente funcional por lo que toca a los adultos. El repique de campanas del 1 de noviembre anuncia la llegada próxima de los “difuntos mayores”, quienes se instalan en los domicilios por la mañana del dia siguiente. Estos “difuntos mayores” son “ofrendados” con mole, pollo, carne de guajolote, aguardiente, tamales y cigarros, invitándoles a su consumo mediante la espera familiar en los caminos y el trazo de la ruta a casa mediante flores. En este periodo del 31 de octubre al 2 de noviembre se realizan visitas entre familiares y vecinos, lo que, en opinión de los nahuas de la Huasteca, responde a la propia visita de los familiares muertos. En el mundo nahua, la experiencia cultural del mijkailuitl o “Fiesta de Muertos sigue un largo camino cuyo fin se alcanza hasta el 30 de noviembre con las actividades del tlaxolecualistli, acto que se corresponde con la reunión de las flores de cempasúchit empleadas enlos atares” y “arcos”, y cuyas semillas se utilizarán en el sembrado de la próxima cosecha. En ciertos sitios de la región, esta fecha se uti’iza para que los bailadores o “coles” -tambien identificados como “viejos” – participantes en la celebración, se quiten las máscaras con las cuales habían mantenido oculta su identdad y nuevos miembros asuman este compromiso. Pero antes de llegar a este momento fina, el 9 de noviembre se verifica otra “ofrenda”, en esta ocasión, con motivo del “novenario” a la fiesta de “Muertos”.Desde luego el 2 de noviembre se cierra formalmente el ciclo de la celebración, acto conocido como tlamacaualistli o “despedida”, cosa que ocurre mediante el traslado de las “ofrendas” familiares al panteón, colocando en cada tumba un “arco” con flores y la propia “ofrenda”, que será consumida después de un tiempo por los integrantes de la familia y vecinos ahí presentes. Las visitas entre parientes se suceden como proceso necesario, destacando aquellas entre ahijados y padrinos. Los primeros entregarán parte de las propias “ofrendas” a sus padrinos, en morrales o canastas, según el género de los mismos. Los segundos a su vez responderán de la misma manera, sin embargo agregarán a los obsequios alguna prenda de vestir o un animal doméstico. Por lo que respecta al mijkailuitl o “Fiestade Muertos” se cree que los difuntos manifiestan contento o desazón de acuerdo la magnitud de la “ofrenda”, de suerte que los familiares se esmeran en ellas a fin de agradar a sus muertos y evitar sus congojas. En la cosmografía de los nahuas de la Huasteca, todo individuo posee una “energía” que lo activa. Por cierto, esta energía reconocida como un “espíritu”, es en algún modo autónoma, aunque los curanderos son capaces de manejar sus desplazamientos y con ellos evitar las enfermedades. La pérdida de! “alma y el “espíritu” hacen que el cuerpo enferme y con esto exista el riesgo de muerte. Cuando los individuos mueren, el “espíritu” busca otra “luz” donde alojarse, esto es, otro cuerpo conde residir. Luego entonces, la vida y la muerte dependen de ciertas condiciones predeterminadas e incontroladas por los hombres. En este caso, los nahuas entienden su vida como enmarcada dentro del riesgo permanente, cuyos efectos pueden percibirse a través de los elementos del mundo que les rodea. Así, si se reconoce el vuelo nocturno degrandes pájaros será indicio de muerte de algún miembro de la comunidad, pues dichas aves llevan ya el “espíritu” de ese personaje. También corre la conseja que los truenos en las nubes responden a los sollozos de las mujeres muertas en parto. En este caso, los hombres pasan a integrase al mundo de la naturaleza. Los muertos, dicen los rahuas, tienden a buscar comunicación con los vivos, quienes reciben sus señales o necesidad de informar sus asuntos mediante silbidos agudos er las orejas, cosa de que debe contestarse llevando la mano al oído con la respuesta correspondiente. La situación del “contagio de la muerte” es un fenómeno habitual en la vida de los nahuas, de suerte que señalan se evite participar en sepelios cuando se encuentra el individuo enfermo o visitar enfermos cuando se ha participado er algún acto de esta naturaleza. Aquellos mordidos por una víbora correrán el mismo peligro de morir ante la presencia de cierto portador de la “muerte”, que la lleva en su caso “impregnada” y pueden “infiltrarla” en los cuerpos débiles de los enfermos.

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