Cementerio Británico Real del Monte │ Aida Suárez Chávez

cementerio

En Un lugar de la Madre Sierra, de cuyo nombre quiero acordarme como el Real del Monte, entre cortinas de niebla y gélidos chipi-chipis, hay un panteón casi bicentenario cuyas lápidas parecen hojas de un directorio telefónico extranjero. Le nombran el Cementerio Británico; y a decir de Pero Grullo, sus inquilinos tienen rato de haber pasado a la eternidad. Pero no son unos difuntos cualesquiera. Aún les da por conversar, echar paliques, soltar de su ronca caja torácica cuanta historia y aventura vivieron, a modo de personajes extraídos de una novela rulfiana. Cuestión de saber escucharlos, lo cual parece privilegio de unos cuantos desterrados hijos de este valle de lágrimas llamado Vida.

Aída Suárez Chávez, reportera-detective, es una de esas hijas privilegiadas. Y aquí está este volumen -primero de su, esperamos, amplia bibliografía- para compartir tales pesquisas. Del condado de Cornwall y otros rumbos de la Gran Bretaña hasta los viejos reales de nuestra Comarca Minera, Aída recoge la voz de quienes dejaron su existencia en suelos y subsuelos realmontenses. Ella les presta grabadora o libreta de apuntes. Hace lo mismo con la parentela viviente de los adelantados al último viaje. Copia testimonios, traduce epitafios, mide tumbas, escudriña el libro de visitantes, coteja fechas, registra nombres y apellidos. Porfía en un legendario, hoy globalizado cordón umbilical que ata a los vivosmuertos de aquí con los muertosvivos de allá.

Aventureros ingleses, encabezados por los cornish, más no pocos mexicanos y hasta algún francés, alemán, holandés o chino; hombres, mujeres, infantes, mozas, mancebos, matronas, patriarcas, nacientes, longevos… Todos se quedaron a reposar en un sepulcro cerril de la ciudad más alta de México. Todos oscilan del tiempo prohibido a la expectativa secuaz de trascender su memoria. Todos esperan un juicio, acaso el trompetero Juicio Final, acaso el periodístico Juicio de la Crónica que les hacía falta, como ésta escrita por Aída, de cuya lectura les convido gustoso.

Enrique Rivas Paniagua